“La Máquina del Gol”: Germán Ezequiel Cano

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Brazos abiertos y mirada al cielo para Germán Cano, figura excluyente de Fluminense en la goleada por 5 a 1 ante River

 

 

Cuando el ariete colombo-argentino hace un gol, lo que sucede muy a menudo, estira su brazo derecho y simboliza una letra “L” con los dedos, utiliza para ello el índice y el pulgar. Ya alcanzo a Haaland con 23 dianas esta año.

 

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Nacido hace 35 años en el hospital Luisa Gandulfo, de Lomas de Zamora (aunque algunas biografías señalen que es oriundo de Posadas, Misiones), Cano dejó en claro que ese festejo ya clásico es una dedicatoria para su hijo Lorenzo, que nació un 13 de julio de 2018 en Colombia cuando el papá defendía a Deportivo Independiente Medellín, de la capital antioqueña.

“Siempre que hago un gol se lo dedico a mi hijo. Él es mi felicidad, el que llena mi corazón y mi alma. Es un orgullo para mí poder festejarlo de esa manera”, explicó alguna vez. En la noche del Maracaná, el veterano delantero argentino aportó 3 de los 5 goles de Fluminense en el 5 a 1 que lo elevó a figura indiscutida de un encuentro en el que tuvo un rendimiento descollante.

 

 

“Una alegría enorme hacerle tres goles a River. Un orgullo, un placer enorme. Dimos cátedra de cómo se juega al fútbol. Con ambición, con esfuerzo”, empezó sus declaraciones luego de llevarse la pelota del partido. “Vamos paso a paso, es muy difícil la Libertadores. Es una competición muy larga. Vamos a competir hasta el final, dejando todo en la cancha. Hicimos un gran partido contra un gran rival. Con mucha humildad, con mucho respeto. Muy orgullosos de nuestro equipo, de lo que somos, de lo que hacemos en la cancha. Podemos llegar más lejos”, se ilusionó el argentino, que graficó lo que significa esta actualidad en el conjunto de Río de Janeiro: “Fue una noche soñada. El año pasado y éste fueron lo mejor de mi carrera, y estoy disfrutándolo muchísimo en Fluminense. Es un presente hermoso”.

 

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Desde su llegada a Fluminense, en 2022, sus números no dejan de asombrar al mundo. Con la camiseta del equipo de Río de Janeiro disputó 91 partidos -84 como titular-, el equivalente a 7212 minutos, en los que anotó 67 tantos, es decir, uno cada 107 minutos. Con le hat trick que le marcó en la noche del martes a River, por la Copa Libertadores, Cano lleva 23 goles en el año. Y desde el 1° de enero de 2022 -que coincide con su llegada a Fluminense-, es el futbolista en que más ha anotado en el planeta: en ese lapso, sus 67 tantos aventajan a figuras como Erling Haaland (60), Mbappe (59) y Benzema (53).

Un trotamundos del gol

 

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Para el delantero de 34 años que debutó en Lanús, en 2008, esa condición, la de estar lejos de su país de nacimiento, parece haberse convertido en el hábitat adecuado para volverse letal. Tras haber marcado apenas tres goles en el fútbol argentino y debido a la falta de continuidad, decidió hacer las valijas en 2011 y nunca más regresó. Tampoco piensa hacerlo.

Antes de su exitosísima carrera en el exterior, no obstante, Cano y su familia batallaron mucho. La infancia de la familia Cano Recalde (apellido materno) tuvo como pilares la pelota de fútbol y varias mudanzas. De Lomas a Ezeiza, de Ezeiza a Lanús, y de Lanús nuevamente a Lomas. Tal vez surgió allí el espíritu nómada que marcó la vida adulta de “La Máquina de Gol”, como lo rebautizó la propia FIFA.

 

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Cuando tenía apenas ocho años y mientras vestía los colores del club Barrio del Plata, de Ezeiza, le anotó cuatro goles a Lanús en baby fútbol. Tras esa actuación descollante, los dirigentes del Granate presentes en la cancha lo invitaron a una prueba en el club del Sur del Gran Buenos Aires, donde fue fichado junto a su hermano, Julián. La que también se sumó a Lanús fue la mamá, Marina Recalde, pero para colaborar en las tareas de limpieza y servirles el café con leche a sus hijos y centenas de chicos de las inferiores, entre los que estaban Lautaro Acosta, Agustín Marchesín, Carlos Izquierdoz, Pulpo González y Sebastián Blanco, todos pertenecientes a la fructífera categoría 1988, la de Germán.

Mientras estaba en la quinta categoría de Lanús, Néstor Gorosito lo llamó para la pretemporada con el primer equipo, a comienzos de 2007 . “Hacía un frío tremendo”, recordó tiempo después Cano. A pesar de que integró algunas veces el banco de suplentes en el equipo campeón del Apertura 2007, bajo las órdenes de Ramón Cabrero, su debut se materializó recién en 2008 , ante Danubio y por Copa Libertadores. Ingresó en reemplazo del Laucha Acosta.

 

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Más allá de lo mucho que prometía por ser un centrodelantero de raza, en el Granate jugó menos de 30 minutos en 24 partidos , con dos goles convertidos y a la sombra de dos emblemas como José Sand y Acosta. En búsqueda de espacio, decidió moverse al recién ascendido Chacarita de Ricardo Zielinski. Allí tuvo más tiempo de juego, pero debió reconvertirse en mediapunta porque el delantero “de área” inamovible era Facundo Parra. De San Martín a Santa Fe, para jugar en Colón, a pedido de Fernando Gamboa, que duró solo un par de partidos y fue despedido del cargo, lo que fue como una sentencia para Cano.

 

 

Con poquísimo rodaje, las opciones del delantero eran tres. La primera era jugar en el ascenso argentino; la segunda, probar suerte en el exterior. Y la tercera era dejar el fútbol y ayudar a su padre, Ramón, que trabajaba como zapatero. Se fue libre y con un contrato de poquísimo dinero a Deportivo Pereira, de Colombia, que estaba prácticamente descendido a segunda división. Su primera decisión lejos de casa fue la de usar en su camiseta el número 14 , que identificaba a la hinchada de Lanús, dorsal que mantiene hasta hoy. “Siempre le estaré agradecido a Lanús, es como mi casa. Con Nicolás Russo (presidente) seguimos en contacto, nos quedó una linda amistad. Soy hincha del club, es un amor que tuve desde chiquito, cuando llegué, y que quedará para siempre”, contó Cano.

 

 

A pesar de que, como estaba previsto, Pereira descendió, Cano terminó como goleador del campeonato colombiano, con 9 goles, y fue elegido “refuerzo del año”. Esa destacada actuación en un conjunto tan limitado le valió un pase a Nacional, de Paraguay, equipo dirigido por el argentino Javier Torrente que se estaba reforzando para disputar la Copa Libertadores. Pero, otra vez, como ya le había pasado con Gamboa, Torrente fue despedido y, como consecuencia, Cano estuvo relegado, sin jugar durante casi seis meses.

Al igual que sucedió con su experiencia en la Argentina, Cano se marchó de Paraguay de manera fantasmal. En Colombia, sin embargo, guardaban una excelente imagen de su paso por Pereira y así fue que, en junio de 2012, el delantero llegó a Independiente de Medellín , uno de los equipos más tradicionales del país cafetero, donde sería dirigido por Hernán Bolillo Gómez. Tras una excelente pretemporada, se ganó la titularidad y terminó otra vez como goleador del torneo colombiano. Por su parte, el DIM, fue subcampeón tras perder la final ante Millonarios. En las dos temporadas siguientes, volvió a destacar a fuerza de tantos, lo que hizo que Pachuca, de México, le ofreciera un jugoso contrato.

 

Los hinchas de Fluminense celebran a Germán Cano con la camiseta argentina

 

 

Poco tiempo después de su llegada a los Tuzos, Cano sufrió un duro revés. La rotura de los ligamentos cruzados significó para el goleador una inactividad de seis meses. Después, fue prestado a León, también de México, donde marcó un doblete en su debut. Sin embargo, en 2018, decidió retornar a Deportivo Independiente de Medellín, que a esa altura se había convertido en su casa.

Su regreso fue mejor de lo que inclusive el propio Cano esperaba. Fue goleador del Apertura y del Finalización 2018, aunque el título seguía postergándose. Ese mismo año, el de Lomas de Zamora se convirtió en el máximo artillero en torneos cortos de Colombia y quedó como quinto goleador de la temporada en el mundo, con 34 gritos, solo por detrás de Lionel Messi (47 tantos), Cristiano Ronaldo (40), Robert Lewandowski (38) y Mohamed Salah (36).

 

Germán Cano, goleador de Fluminense, alentando a Argentina con la familia en el Mundial de Qatar

 

 

En 2019, por fin, llegó el título con el Poderoso de la Montaña. Los antioqueños ganaron la Copa Colombia, ante Deportivo Cali, y Cano se convirtió en el máximo goleador histórico del club, con 133 anotaciones (superó a otro argentino, José Vicente Grecco, con 92). En Medellín parecía tenerlo todo. Inclusive, su hijo Lorenzo nació allí y él llegó a iniciar los trámites para adoptar la nacionalidad colombiana (aunque no llegó a finalizar ese proceso). Más allá de los rumores sobre su convocatoria a la selección de aquel país, nunca existió un contacto directo, según confesó el propio futbolista argentino.

A pesar de su cómodo presente, personal y profesional, en Colombia, Cano decidió dar un paso más que arriesgado en 2020, al mudarse a Río de Janeiro, Brasil, para jugar en Vasco da Gama, un club histórico que arrastraba una infinidad de problemas institucionales. En un puñado de partidos, otra vez a fuerza de goles, Cano se convirtió en un estandarte del Cruzmaltino, que realizó una campaña épica en medio de una calamidad dirigencial. Aún así, a Vasco no le alcanzó para evitar el descenso a la Serie B.

Más allá de las ofertas que llegaron desde clubes de la Serie A de Brasil y desde el exterior, Cano decidió quedarse a disputar el campeonato de segunda división con Vasco da Gama, lo que afianzó aún más su romance con los vascaínos, que lo idolatran hasta hoy. Entre 2020 y 2021, el surgido en Lanús anotó 43 goles en 101 partidos, consolidándose como el segundo máximo goleador extranjero en la historia del equipo carioca, detrás del uruguayo Segundo Villadónica, que anotó 83 goles entre 1938 y 1942.

 

Germán Cano y sus comienzos en el fútbol en Lanús

 

 

Tras finalizar su vínculo con Vasco da Gama, Cano decidió tomarse unas vacaciones junto a su familia para descansar de cara a la temporada 2022. Su representante, sin embargo, no tuvo pausa y debió atender llamados de casi todos los poderosos de Brasil. Sin embargo, su destino estaba apenas a unos barrios de distancia, allí Río de Janeiro. En Fluminense, que se armó para pelear en varios frentes, debió abrirse espacio como mejor sabe hacerlo, a puro gol. Y eso que en su posición estaba el histórico Fred, que meses atrás se retiró del fútbol, no sin antes entablar una excelente relación con el argentino.

 

El partido soñado y perfecto de Germán Cano, la pesadilla de River: "Dimos cátedra de cómo se juega al fútbol"

 

Poco demoró Cano en ganarse el corazón del Tricolor de Río, su nueva casa. Apenas llegó le anotó un gol a Flamengo en la final del Campeonato Carioca que terminó valiendo el título. Aunque es poco conocido en la Argentina, el surgido en Lanús terminó 2022 como goleador del competitivo Campeonato Brasileño con 26 goles en 38 partidos para un Fluminense que quedó tercero, a 11 puntos del campeón, Palmeiras.

Lo de Cano en Brasil ya es una fiebre. “Faz o L” (hacé la L) se transformó en todo un ritual de la torcida de Fluminense y también en muletilla para algunos relatores cada vez que el argentino de 35 años infla las redes. Incluso, compañeros como el veterano Felipe Melo lo pidieron en su momento para que fuera convocado al seleccionado argentino. “Es el mejor 9 que hay. ¿Qué espera Scaloni para llamar a Germán Cano a la Selección?”, escribió en uno de sus perfiles el exvolante de Inter y el seleccionado brasileño antes del Mundial de Qatar. “Scaloni, ya está en la hora, Cano tiene que ir a Qatar”, exclamó el colombiano Jhon Arias interrumpiendo una entrevista que le estaban haciendo al argentino en la cancha el año pasado.

 

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      German-Ezequiel-Cano-MVP

 

Los hinchas del Tricolor, por su parte, pusieron de moda una camiseta albiceleste con el número 10 y el nombre de Messi tachado. Debajo, claro, el apellido de su nuevo ídolo, “Cano”. “Quiero esa camiseta para mí, que alguien me la mande. Por ahora no la vi, solo en las redes sociales”, dijo Germán sobre la improvisada indumentaria de la Selección Argentina que usan varios hinchas de Fluminense.

Los goles son la obsesión de Germán Cano desde siempre. “Cuando no anoto me voy a casa con bronca. Me pasa desde chiquito”, dijo. Sin embargo, el de Lomas de Zamora es un hombre de múltiples pasiones. Empezando por el golf, que empezó a practicar en Medellín y continúa jugando hasta hoy. “Me da la paciencia y esa precisión para definir dentro del área”, le dijo a UOL Esporte. Según Leandro Apolinario, vicepresidente de la Federación de Golf de Río de Janeiro, “Cano es un muy buen jugador, e inclusive ya logró un hoyo en uno, algo muy difícil”.

 

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En México, por su parte, desarrolló una gran pasión por los vinos. “En León estaban Guille Burdisso, Diego Novaretti, Mauro Boselli y Maxi Moralez. Nos juntábamos a cenar y probábamos tres o cuatro vinos. Yo ya venía con ese interés, me gustaba leer y estudiar sobre lo que había detrás del mundo del vino. Inclusive contratamos una sommelier para hacer un par de cursos. Pienso en hacer algo con eso cuando me retire”, avisó el delantero.

Mientras Lolo, su hijo, se convirtió en una de las atracciones principales en el Centro Carlos Castilho, donde entrena Fluminense, Germán Cano disfruta de uno de los mejores momentos de su carrera y, a pesar de tener 34 años, no piensa en el final. “Mi ejemplo es Pepe Sand, quiero llegar a los 40 en alto nivel, como él”, dijo sobre su excompañero y sus ambiciones de carrera.

 

 

De todas formas, sí tiene en claro que su última temporada será lejos de su país de origen. “No tengo intenciones de volver al fútbol argentino, no tengo una espina ni nada. Me siento muy cómodo en Brasil, al igual que en Colombia, donde vivo más tranquilo. Tampoco me veo como técnico, pero tal vez sí como director deportivo o algo así”, contó.

De Lomas a Ezeiza, de Lanús a San Martín, de Santa Fe a Colombia y de allí a Brasil, tierra de magistrales delanteros. Siempre itinerante, siempre en movimiento. La historia de Germán Cano es la de quien jamás llegó a ser profeta en su tierra porque, a su vez, descubrió a la fuerza que sabe ser “torazo en rodeo ajeno”. Lo aman en Medellín, lo veneran en Río de Janeiro, apenas si lo están descubriendo en su país. Aunque no pretende volver al país que añora a lo lejos, casi en silencio, se prepara para, una vez más, estirar el brazo y hacer la “L”, la de Lolo, la marca registrada del gol

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