Tyson Fury con sabor azteca

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Campeón británico de peso pesado, decidió salir al ring con la canción prototípica del boxeo mexicano. Mientras sonaba la celebérrima estrofa: «No tengo trono ni reina/ni nadie que me comprenda», el Gipsy King completaba su arribo al ring ataviado en un sombrero de charro y un gabán tricolor.

 

Tyson Fury haciendo su entrada para pelear con Otto Wallin en Las Vegas. (David Becker/Getty Images)

 

Un mariachi entonando El Rey de José Alfredo. Era 14 de septiembre de 2019 y la T-Mobile Arena de Las Vegas se pintó de verde, blanco y rojo.  Peleaba Canelo Álvarez ?  Quien no estuviera al tanto de la cartelera, podía dar por descontado que se trataba de un mexicano. Lo lógica lo indicaba. Pero no:  Ya en el combate, Fury sufrió contra el sueco Otto Wallin, pero al final sacó una victoria por decisión unánime. Su rostro ensangrentado revivió las grandes guerras que han brindado, desde siempre, los referentes del boxeo azteca. Todo tenía que ser mexicano esa noche, por algo Tyson decidió portar guantes y shorts tricolores, lo cuales, en su apartado blanco, terminaron manchados sangre. En la previa, el púgil inglés ya había dejado constancia de su admiración por la cultura mexicana al portar una máscara de Rey Mysterio durante la ceremonia de pesaje.

«Siento mucha conexión con México, porque parte de mi equipo es de ahí, y sé que para todos siempre es especial estos días, especialmente en Las Vegas. He aprendido un poco de cultura mexicana. Para mí es importante, porque sé que es muy importante en el mundo del boxeo», dijo en aquella ocasión cuando le preguntaron por su conexión con México. La fecha lo ameritaba, porque ese fin de semana casi siempre es reservado para los mexicanos. Ese año, Canelo peleó hasta noviembre y el calendario hizo un hueco que Fury supo llenar.
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La influencia es Jorge Capetillo, entrenador mexicano que comenzó a trabajar con Fury como cutman (el encargado de tratar los cortes que los boxeadores se hacen durante las peleas). Gradualmente, Capetillo pasó a hacer un trabajo más profundo con Fury, y se ha convertido en el hombre de confianza de Fury siempre que éste pelea en Estados Unidos. Y no sólo para cuestiones boxísticas, pues Fury ha pedido a Jorge, dueño de un gimnasio en Las Vegas, algunas cosas muy especiales: que le enseñe música y comida mexicanas.

 

 

 

«(Me dijo) todos los martes asegúrate de que haya música mexicana. ‘Vamos a comer a algún lado, pero no quiero ir a ningún restaurante lujo’. Fuimos a los tacos: se puso el mandil, se puso de taquero. Pidió de lengua, pidió al pastor y de carne asada. Le encantaron. Luego me dijo que si hacíamos una carne asada y le asé un nopal —nunca los había probado— y quedó encantado», contó Capetillo para Un Round Más.

Fury no es el único británico que siente admiración por el boxeo mexicano. Ricky Hatton, excampeón mundial retirado, siempre quería entrar al ring acompañado de Marco Antonio Barrera, a quien veía como ídolo y amigo. Por su parte, Anthony Joshua estuvo en primera fila en la más reciente pelea de Canelo Álvarez y se sonrojó cuando el campeón mexicano lo saludó en su subida al ring. Y es precisamente con Joshua con quien Fury tiene algunas cosas que aclarar.

 

Tyson Fury se retiró en abril, pero no ha dejado de especular sobre posibles regresos. (Julian Finney/Getty Images)

 

 

La reyerta entre Oleksandr Usyk y Anthony Joshua revivió los ánimos de pelea de Fury. En un principio, retó al campeón unificado Usyk. Días después, llamó a Joshua para concretar la pelea de ensueño de todos los británicos. Después de que Joshua aceptara todos los términos para concretar la cita en diciembre de este año, Fury dijo que su rival no había firmado el contrato y que nada era seguro, en una movida interpretada por todo mundo como un capricho incomprensible. En suma, la actitud de Fury en estos días ha sido tachada de infantil.

En su último combate, en abril pasado, Fury venció a Dillian Whyte con un sorprendente nocaut en el Estadio de Wembley. Después de retener su campeonato mundial CMB de peso completo, el Rey Gitano dijo que no volvería a boxear a nivel profesional. Sin embargo, no ha habido día en el que no se hable de algún potencial enfrentamiento. Primero estuvo sobre la mesa un choque con Francis Ngannou, campeón del peso completo de la UFC. No pasó nada. Luego Fury empezó a agitar las aguas: dijo que si algún promotor quería sus servicios, tenía que desembolsar 500 millones de dólares. En octubre del año pasado, Tyson selló la victoria más importante de su carrera cuando noqueó en ocho rounds a Deontay Wilder para poner punto final a una trilogía salvaje.

 

 

No se sabe cuál será el destino de Fury. Dicen verdad quienes afirman que ya no tiene nada demostrar, pero el nombre de Oleksandr Usky permanece en la órbita como el último gran reto de su carrera. La factible pelea contra Anthony Joshua carece de paridad, porque los mejores días de éste último han acabado, pero nadie en La Isla se resistiría al choque de los dos peleadores ingleses más magnéticos de la era moderna. Y quién sabe, quizá Fury entre otra vez con las letras de José Alfredo.

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