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Un dramático momento se vivió en Norman, Oklahoma, cuando el ruido ensordecedor del estadio Memorial se apagó de golpe, como si alguien hubiera bajado el volumen de repente.
Habían pasado apenas unos minutos del primer cuarto del partido de fútbol americano universitario cuando Keontez Lewis, receptor abierto de los Sooners, salió corriendo a toda velocidad para atrapar un pase profundo lanzado por el mariscal de campo Michael Hawkins Jr. La pelota viajó con una precisión milimétrica, casi como si fuera teledirigida. Lewis extendió los brazos, saltó, la rozó, cayó hacia atrás… y el impacto fue demoledor. Su cabeza chocó de lleno contra el muro de ladrillos que delimita la zona de anotación. El cuerpo del jugador quedó tendido, inmóvil. Y la fiesta, de inmediato, se transformó en miedo, drama y escalofríos.
“Es mi compañero, mi hermano, y está sufriendo. Espero que esté bien. Tenemos que enviarle un mensaje, ya que está en el hospital”, dijo el ala defensiva R. Mason Thomas, todavía con la voz quebrada, según consigna Fox News. La escena fue tan impactante que ni siquiera el 44-0 con los que Oklahoma superó a Kent State alcanzó para despejar la angustia. El resultado quedó en segundo plano. La prioridad era una sola: saber si Lewis estaba consciente, si respiraba, si podía moverse, si iba a tener alguna secuela.
Venables, visiblemente conmovido, recogió el guante: “Estamos evaluando todas las opciones cuando se trata de la seguridad de nuestros jugadores”, declaró. Y dejó entrever que el estadio podría recibir reformas a corto plazo: “Creo que se colocará más relleno sobre la barrera de ladrillos expuestos alrededor del campo. Es algo que debemos revisar ya”.
Keontez Lewis tiene 22 años y atraviesa su última temporada universitaria. Nacido en East St. Louis, Illinois, es uno de esos receptores con físico privilegiado (mide 1,90 y pesa 95 kilos) y velocidad para romper defensas. Antes de llegar a Oklahoma, jugó en UCLA, Wisconsin y Southern Illinois, en un camino universitario que mezcla talento, perseverancia y adaptabilidad. Hasta antes del accidente, sumaba 17 recepciones para 210 yardas y dos touchdowns, cifras que lo colocan entre los receptores más productivos del equipo.
Y aunque el parte médico fue alentador, la imagen de su cuerpo inmóvil sobre el césped seguirá resonando por un tiempo. Según consignó la agencia AP, el entrenador Venables resumió: “Ojalá esté bien aquí a largo plazo. Estos chicos lo dan todo, y nuestra responsabilidad es cuidar que el entorno sea seguro. Ganar partidos es importante, pero nada lo es más que la salud de nuestros jugadores”.
