Esloveno Roglic ganó Vuelta España #74

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El tercer escalón fue para el también esloveno de 20 años Tadej Pogavar. Alejandro Valverde, español del Movistar fue segundo. 

 

 

En solo 6 años, el esloveno Primoz Roglic ha vivido una revolución personal y deportiva. Dejó los saltos de esquí en 2013 y en 2019 ha ganado la Vuelta, su primera grande, después de un cuarto puesto en el Tour 2018 y un tercero esta temporada en el Giro de Italia. Roglic, parco en palabras y gesto de incomodidad permanente en sus comparecencias ante la prensa en los doce días que ha sido líder de la carrera, ya puede dejar de sonreír «en secreto». Su ambición y capacidad competitiva ya le ha regalado el tesoro que buscaba. Incluso se podrá permitir sonreír en público.

Roglic nació en Zagorje ob Savi «entre las montañas junto al Sava» hace 29 años, localidad de 17.000 habitantes famosa por las minas de carbón. La nieve invernal le impulsó a ponerse los esquís, y su inquietud lo encauzó hacia los saltos de esquí. Hasta hace 8 años destacó volando en la modalidad, donde llegó al título mundial juvenil por equipos en 2007. Como tenía complicado llegar a la élite probó con la bicicleta y con 22 años ya tenía claro que el ciclismo no se le daba nada mal. A mes y medio de cumplir los 30 años ya tiene una Vuelta y varias carreras de una semana, como la Itzulia 2018, el Tour de Romandía por partida doble, el UAE Tour y la Tirreno-Adriático. En las grandes vueltas, ha logrado alguna victoria de etapa en cada una de ellas. Además, en las grandes citas ha sido cuarto en el Tour y tercero en el Giro.

Sus ambiciones no paran aquí, y se muestra convencido de que puede ser candidato a ganar el Tour de Francia. «Por qué no?», lanza. «Yo me divertía en los saltos, pero llegué al ciclismo y también me gustó. Vi que podía ser uno de los buenos y me quedé. Volar es bonito, pero bajar un puerto también es emocionante». Roglic, con etapas ganadas en las tres grandes, firmó en 2013 con el equipo Adria Mobil, en el que estuvo hasta el 2015. De ahí a su actual equipo, antes llamado LottoNL-Jumbo y hoy Jumbo Visma, donde coincidirá con el holandés Tom Dumoulin la próxima temporada. Se trata de un personaje peculiar, inexpresivo, de los que hay que sacar las palabras con sacacorchos. En la Vuelta no admitía más de tres preguntas ante la prensa. Sonrisas, cero. Nada más contestar con cinco palabras la tercera cuestión salía volando de la sala de prensa. Con la roja asegurada en Gredos admitió que sonreía «en secreto», y prometió sonreír más en el podio de Madrid, donde representó desde lo más alto al deporte de su país, en un día memorable para Eslovenia, de tan solo 2 millones de habitantes, ya que en el tercer escalón también sonreía un chaval de 20 años llamado Tadej Pogavar.

«Claro que estoy contento. En los días anteriores sonreía, pero sólo en sitios secretos. Ya no quedan más montañas», dijo en Gredos, ya como campeón de la Vuelta. El dueño de la roja mira al futuro. Su equipo está llamado a plantar cara al Ineos en la próxima temporada. Entre sus valores, que son abundantes, está una moral de hierro y una confianza tremenda en sí mismo. «No comparo a mi equipo con ningún otro. Somos fuertes y podemos luchar por el triunfo en cualquier carrera, eso es lo más importante». Palabra del vencedor de la Vuelta, dispuesto a sonreír, ya sin guardar el secreto.

 

España con Valverde

 

Alejandro Valverde, campeón del Mundo en ruta, dijo sentirse «alucinado» por el segundo puesto obtenido en la 74 edición de la Vuelta, la última competición en la que lució el maillot arcoíris, prenda que tratará de renovar el día 29 en Yorkshire (Reino Unido) «Estoy alucinado, ha sido una Vuelta muy bonita, vine a ganar una etapa, ya que en principio los líderes eran Richard Carapaz y Nairo Quintana. Empezamos bien con la victoria de Nairo y luego conmigo. Cada día me encontraba mejor, me centré en la general y ayer en La Cibeles subí al podio como segundo. Todo un orgullo, con Roglic al lado y Pogacar, a quien casi doblo en edad». Un día especial porque supuso la despedida en competición del maillot de campeón mundial, pero con la esperanza, «aunque difícil», de renovarlo pronto.

«Sí, fue la despedida de este maillot tan bonito. Ya me quedan muy pocos días, porque ahora voy con la selección y hay que vestirse con los colores de España. A ver si puedo hacer algo en Yorkshire para seguir llevándolo. Está muy difícil, pero no imposible». Valverde, de 39 años, señaló tras la presentación del documental «Un año de arcoíris’ en la sede madrileña de Telefónica, que el único secreto de su trayectoria es «que te guste el ciclismo, tener condiciones y la compañía, tanto de la familia como del equipo». A pesar de ser el primer español clasificado en la Vuelta cerca de los 40, Valverde no cree que sea inquietante el futuro del ciclismo español. «En esta Vuelta han faltado corredores como Enric Mas ó Landa. Es difícil conseguir una trayectoria como la mía, pero vienen corredores buenos, como Marc Soler. Creo que hay futuro».

El «Bala» no ve en el panorama nacional un corredor de sus características, pero señaló al francés Julian Alaphilippe como un ciclista «muy similar» a él. Sobre la polémica que se produjo en la etapa de Toledo por la caída de algunos líderes y el acelerón de Movistar, Valverde ofreció por primera vez su punto de vista. «La caída se produjo porque había tensión en el pelotón. Sabíamos que iba a haber viento y que habría cortes. Nosotros lo habíamos estudiado y planificamos acelerar en esa zona. Cuando se produjo el accidente con Roglic y Superman López ya estábamos desarrollando nuestro plan. Luego la UCI decidió reagrupar al pelotón y acatamos la decisión».

El campeón mundial aclaró: «cualquiera se puede caer y no te gusta acelerar en esa circunstancia aunque lo tengas planeado. En aquel momento tal vez no hicimos lo correcto, pero es lo que estaba planeado». «No soy un corredor que se aprovecha de esas situaciones, pero muchos sí se han aprovechado a veces de caídas mías, Me cabré mucho, pero soy un corredor respetado en el pelotón y no me gusta que me miren mal. Había mal ambiente y no me gustó nada». También se refirió a la batalla planteada por el Astana en la penúltima jornada en Gredos, donde los rivales «tiraron con todo».

«Cada uno actúa como quiere. Ellos salieron a tope, a reventar todo, pensé que terminaba la etapa en Serranillos, no sabía si habían mirado el recorrido. Queremos respetar y que nos respeten, y hablar con serenidad y bien». Uno de los aspectos más personales en el reportaje «Un año de arcoíris» se refiere a la presión de los deportistas de élite, que a veces deriva en depresión, como fue el caso de Valverde en 2012 tras cumplir la sanción por su implicación en una trama de dopaje. «Es un problema que sufrimos todos en cualquier ámbito de la vida, pero una persona expuesta al público tiene más presión. Se ha contado lo que le ocurrió a Iniesta, pero seguro que hay muchos más que tienen o han tenido. Todo tiene solución».

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