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Alexander Zverev ya había sido campeón en casi todas las categorías del tenis profesional, incluyendo los Juegos Olímpicos. Su única deuda era en la plataforma de los Grand Slams, pero finalmente la saldó en Roland Garros este 2026.
El trnidta alemán venció al italiano Flavio Cobolli en una final inédita en la arcilla de París. Después de 4 horas y 16 minutos, ganó en cinco sets (6-1, 4-6, 6-4, 6-7, 6-1). Su primera reacción fue llevarse las manos al rostro; también hubo gritos al cielo, cejas que reflejaban deseos de llorar, pero lo que se impuso a todas esas emociones fue la sonrisa de saberse campeón de un Grand Slam por primera vez. “El éxito me pasó muy temprano en los Masters porque gané uno a los 20 años y luego gané muchos más. Así que tuve esa liberación rápidamente, pero en un Grand Slam tomó más tiempo. Ahora, pase lo que pase, siempre seré campeón de un Grand Slam y nadie me lo puede quitar”, expresó Zverev.
Tiene 29 años y su primer título en el ATP Tour llegó a los 19. Ahora suma un total de 25 trofeos, destacando las ATP Finals 2018 sobre Novak Djokovic y la medalla de oro de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 sobre Karen Khachanov. En cuanto a Grand Slams, acumulaba puras derrotas en finales: perdió el US Open 2020 ante Dominic Thiem, Roland Garros 2024 ante Carlos Alcaraz y el Australian Open 2025 ante Jannik Sinner. Encontró el eslabón perdido de su carrera, el título de la única categoría que le faltaba y que siempre se le recriminaba pese a su constancia en el top 10 del ranking mundial. “Esto me da algo de libertad. Tal vez mi mente estará más tranquila en una final, porque incluso si pierdo, seguiré siendo campeón de un Grand Slam. Si hubiera perdido, mi confianza habría bajado mucho, pero ahora siento que puedo ganar de nuevo”.
Además del factor emocional, hay un puñado de marcas que dejó este título. Primero, que tuvieron que pasar 10 Grand Slams para tener a un nuevo campeón varonil. El último ‘novato’ en conseguirlo había sido Jannik Sinner en el Australian Open 2024. Por otra parte, rompió 30 años de sequía para el tenis masculino de su país. El último alemán que ganó un Grand Slam en singles había sido Boris Becker en el Australian Open 1996. En ese mismo rubro, Zverev se convirtió en apenas el tercer alemán (sin incluir mujeres) que se corona a nivel de singles en Grand Slams de la Era Abierta. Becker levantó seis trofeos de 1985 a 1996 y el otro fue Michael Stich con uno (Wimbledon 1991).
A partir de ahora, ‘Sascha’ cambiará sus recuerdos hacia Roland Garros: “Cuando estaba en el suelo, todas las emociones salieron, porque esta cancha es muy especial para mí, tanto de manera positiva como negativa. Tuve algunos de los momentos más difíciles de mi vida y de mi carrera aquí. Estaba tirado en esta cancha con una lesión y no sabía si volvería a jugar (2022) y perdí una final de Grand Slam (2024). Todos esos recuerdos siguen conmigo, pero este triunfo los supera”. Esta fue una edición atípica de Roland Garros en la rama varonil. Carlos Alcaraz, segundo rankeado del mundo y campeón defensor, no participó por lesión. Jannik Sinner, subcampeón del año pasado y líder el ranking actual, fue eliminado apenas en segunda ronda tras mostrarse exhausto por el calor. Y luego Novak Djokovic, el hombre con más títulos de Grand Slams de la historia (24), cayó en tercera ronda.
Mirra Andreeva la reina de París
Con tan sólo 19 años y 8a. del ranking, la rusa ganó de principio a fin. La tenista lució implacable y mostró su mayor jerarquía en una final que nadie pensaba antes del comienzo de este sorprendente Roland Garros. Andreeva se impuso por 6-3 y 6-2 ante la polaca Maja Chwalinska (24 años y 114a. del escalafón) y por primera vez levantó un trofeo de Grand Slam.
De esta manera, se transformó en la campeona de París más joven desde que Monica Seles levantó el trofeo en 1992. Maria Sharapova, en 2014, había sido la última rusa en alzar la copa en el Bois de Boulogne. En el primer torneo de Grand Slam sin un excampeón de major en las semifinales masculinas y femeninas desde Roland Garros 1977, Andreeva (19 años) se encumbró como la finalista más joven de un cuadro individual femenino de un grande desde Coco Gauff en el Abierto de Francia 2022. Nacida en Krasnoyarsk, residiendo en Cannes, sorteó un comienzo de partido parejo y peleado hasta que comenzó a hacer la diferencia frente a una rival inexperta y de meritorio torneo. Es que Chwalinska, de 1.64m, zurda y creativa dentro del court, rompió con todos los registros. Fue su primera actuación en el cuadro principal de Roland Garros (había caído en la clasificación de 2021, 2023 y 2025).
Andreeva monopolizó el segundo set hasta ponerse 5-0. Parecía todo terminado. Sin embargo, Chwalinka tuvo un último atisbo de resistencia. Mantuvo su saque y quebró el juego siguiente para ponerse 5-2. ¿Podía remontar? De ninguna manera, Andreeva pasó el sofocón, salió del miniletargo y volvió a ser la aplastante figura del comienzo de ese segundo set. Su saque no dejó dudas y selló el partido: 6-3 y 6-2.
Hace tiempo que se esperaba el gran salto de Andreeva. Considerada una niña prodigio cuando apareció, ganó su primer partido del WTA Tour con solo 15 años, al derrotar a Leylah Fernández tras recibir una invitación para el WTA 1000 de Madrid. Unos meses más tarde, alcanzó la tercera ronda en Roland Garros y la segunda semana en Wimbledon, consolidando su estatus como promesa generacional.La encargada de entregarle el trofeo fue nada menos que Mary Pierce, orgullo de París, última francesa en lograr el título de campeón, en 2000, ante la española Conchita Martínez. Paradojas del destino, Martínez, justamente, es la entrenadora de la nueva campeona. “No sé si debería agradecerte a vos, Mary, porque le ganaste acá la final a mi entrenadora”, bromeó Andreeva en la entrega de premios
Incluso en su reacción tras el encuentro, al verse en la pared donde figura la lista de ganadoras de Roland Garros, su emoción fue visible. “No… ¡en serio! ¡Mi nombre está en la pared!”, exclamó, y luego agradeció casi como si eso fuera un favor que le hubieran hecho. No solo tocó su nombre casi sin poder creerlo, sino que dio un minisalto de felicidad. Sin dudas, el hito la pone en la historia grande del tenis.
