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Maja Chwalinska, de 24 años y 114° del ranking mundial, es una de las inéditas y sorprendentes protagonistas del Abierto de Francia. La jugadora polaca avanzó desde la clasificación para el cuadro principal hasta la final. En las semifinales disputadas en el court Philippe-Chatrier, derrotó a la rusa Diana Schnaider (25° cabeza de serie) por 7-6 (7-4) y 6-4, en dos horas y diez minutos.
Pero en París superó todo lo conocido. Primero, al alcanzar las semifinales, igualó el mejor resultado logrado por una tenista proveniente de la qualy en Roland Garros en la Era Abierta, que era la tarea de la rosarina Nadia Podoroska en 2020, cuando el mundo trataba de regresar a la normalidad tras la pandemia. Pero, ahora, con la victoria ante Schnaider (que había eliminado a la N° 1 Aryna Sabalenka en los cuartos de final), se encumbró como la segunda jugadora proveniente de la clasificación en llegar a una final de Grand Slam, después de la cinematográfica tarea de Emma Raducanu en el US Open 2021 (la británica derrotó a Leylah Fernández en la final).
Chwalinska no pareció amedrentarla el desafío. Jugó con aplomo y lucidez, con precisión y naturalidad, como si fuera una usual habitante de estas instancias. El año pasado lo terminó en el puesto 133°; el ranking en vivo la muestra como la 21° del mundo, un ascenso de 93 escalones desde que comenzó el Abierto francés. Si vence a Andreeva en la final, será 14°. Ya se aseguró un impactante premio económico de US$ 1.625.000: antes de París, en toda su carrera acumulaba… US$ 864.000. La vida, claramente, le cambió en estas semanas.
Nacida en Dąbrowa Górnicza, una ciudad industrial del sur polaco, con 112.000 habitantes, escribió una valiosa carrera como junior: alcanzó la final de dobles en Australia 2017, en pareja con su compatriota Iga Swiatek. Sin embargo, como profesional, el camino fue sumamente espinoso. Trastabilló una y otra vez. Pero hubo una razón: la depresión.Con 19 años, tras perder en la primera ronda de la qualy de Wimbledon, se tomó un descanso indefinido del tenis. Contó que desde hacía dos años luchaba contra un estado depresivo. Después de esa frustración en el césped de Londres, dejó su departamento, regresó a su casa familiar y estuvo arropada por los suyos -y por especialistas- durante un tiempo. Probó con el running y con el boxeo para tratar de canalizar sus emociones en otros deportes, pero no funcionaron.“Empecé a sentirme mal. Primero en la cancha, pero después también empecé a sentirme mal afuera de ella, y eso me llevó a la depresión. Algo que disfrutaba muchísimo se convirtió en una fuente de sufrimiento. Asociaba el tenis con la presión, el estrés y el llanto”, narró hace un tiempo, en wtatennis.com.
A los cuatro meses, con más energía y alegría, volvió a empuñar una raqueta. Otra vez se sintió atraída por el deporte que había ensayado desde los siete años. Y, un año después de aquella decepción en Wimbledon, regresó al All England, pasó la clasificación y hasta ganó un partido del main draw. “Los resultados ya no me definen tanto como antes, cuando no podía diferenciar entre Maja y la tenista. Era sólo una. Necesitaba tiempo para entenderlo mejor y también para hacer algo más, no sólo jugar al tenis. Sentía que ahí sólo existía el tenis. Pero sé que hay muchas más cosas que se pueden hacer y disfrutar fuera del tenis. Necesitaba tiempo para descubrir las cosas por mí misma”, reconoció Chwalinska, tras superar el sofocón. Entender eso la liberó (y potenció). Asumió su posición en el tenis de forma más amigable. Y los resultados llegaron.
La polaca, que intentará emular a su compatriota Swiatek, campeona del Abierto de Francia en 2020, 2022, 2023 y 2024, luchará por la corona parisina con Andreeva, que también jugará una final grande por primera vez.Nadie contaba con Chwalinska antes de esta quincena en la capital francesa, ya que su mejor resultado en un torneo del circuito principal habían sido los cuartos de final de un WTA 250, en Cluj-Napoca, en febrero. A principios de mayo estaba en un torneo menor, en Saint-Gaudens (Francia), cuando las principales raquetas del circuito competían en el WTA 1000 de Roma. Pero en Roland Garros está siendo la protagonista de un cuento maravilloso.
La primera en conseguir su boleto a la definición fue la rusa Andreeva (8° del ranking WTA), que eliminó sin inconvenientes a la ucraniana Marta Kostyuk (15°) por 6-1 y 6-3. Con 19 años disputará su primera final de Grand Slam, ya que su mejor actuación hasta el momento había sido en la edición 2024 del Abierto de Francia, cuando perdió en semifinales con la italiana Jasmine Paolini. Este año ganó el WTA 500 de Adelaida y el WTA 250 de Linz.
El camino de Andreeva hacia la final
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Primera ronda: 6-3 y 6-3 a la francesa Fiona Ferro (181°)
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Segunda ronda: 3-6, 6-1 y 6-1 a la española Marina Bassols Ribera (175°)
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Tercera ronda: 6-4 y 6-2 a la checa Marie Bouzkova (28°)
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Octavos de final: 6-3 y 6-2 a la suiza Jil Teichmann (170°)
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Cuartos de final: 6-0 y 6-3 a la rumana Sorana Cirstea (18°)
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Semifinal: 6-1 y 6-3 a la ucraniana Marta Kostyuk (15°)
El camino de Chwalinska hacia la final
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Ronda 1 de la qualy: 6-0 y 6-3 vs. la francesa Alice Rame (200°)
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Ronda 2 de la qualy: 6-0 y 6-1 a la francesa Carole Monnet (196°)
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Ronda 3 de la qualy: 7-6 (4) y 7-5 a la neerlandesa Suzan Lamens (128°)
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Primera ronda: 6-4 y 6-0 a la china Zgenh Qinwen (56°)
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Segunda ronda: 6-4 y 6-0 a la belga Elise Mertens (21°)
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Tercera ronda: 1-6, 6-1 y 6-2 a la griega Maria Sakkari (49°)
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Octavos de final: 6-3 y 6-2 a la francesa Diane Parry (92°)
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Cuartos de final: 7-6 (3) y 6-3 a la rusa Anna Kalinskaya (24°)
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Semifinal: 7-6 (4) y 6-4 a la rusa Diana Shnaider (23°)
