«Colapintomanía» se tomó Buenos Aires

Nairo Quintana Tricampeón de Vuelta Asturias
27 abril, 2026
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Franco Colapinto apareció en caretas, en remeras, en buzos, en banderas, en carteles. Dicen incluso que estaba su doble entre las más de 600.000 personas que fueron hoy al road show en Palermo para intentar verlo pasar. Y presenciar la primera vez que un piloto argentino condujo un vehículo de la máxima categoría por las calles de la ciudad de Buenos Aires.

 

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Gente trepada a los árboles, un celular enganchado a una rama que oficiaba de trípode, los chicos subidos a los hombros, todo tipo de estrategia era válida para conseguir estar más cerca del joven automovilista pilarense. Variadas onomatopeyas se escucharon cuando los distintos vehículos que manejó Colapinto pasaban por delante de la multitud que, desde temprano, se agolpó en las vallas. Después venían los aplausos.

“Franco, soy tu fan. Soy tu fan número 1″, gritaba Ramiro Cardozo. Su carita apenas llegaba a la valla. “¡Sos el mejor!”, decía el cartel que sostenía. “Entramos corriendo, así que llegamos a agarrar lugar”, contó Santiago Mazzuchini, de 17 años, que estaba al lado de Ramiro. Vino acompañado por un amigo y estuvieron pegados a la valla frente al Monumento de los Españoles toda la jornada. “Salimos a las 6 de la mañana, tomamos el tren en San Vicente y bajamos en Constitución”, agregó.

 

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María Salazar se levantó a las 5.30 para concurrir a la cita. Es de Longchamps y llegó a la ciudad cerca de las 7. “Lo sigo siempre por televisión. Por eso quería venir, me encanta. Es muy lindo, mucha adrenalina”, describió. Los accesos abrieron cerca de las 8.30. Lo hicieron en tandas, para evitar estampidas, aunque muchos de los fanáticos entraron corriendo. “Llegué hasta acá porque en un momento se produjo como una estampida y me pude acercar”, relató Iara Entenza Chiderski, de 14 años, que se definió como una fanática de la Fórmula 1. “Vine con mi papá, vinimos a las 8 y había un montón de fila. Estuvimos como una hora caminando”, añadió.

Para las 11 de la mañana ya era difícil ingresar a algunas zonas del fan zone gratuito, como denominaron a los sectores desde donde podía verse el espectáculo. Había muchísimo movimiento, era diíficil trasladarse de un sector a otro y no había señal. “Vamos, Franco”, se leía en los carteles que llevaban los dos hijos de Mariana Vargas. Repartían cartulinas para que los más pequeños las completaran. Ella llevaba la camiseta de Boca. “Le dije a mis hijos que la traje para que Colapinto firme. Desde que entró a la Fórmula 1, lo vemos siempre”, comentó.

Se tomaron el tren desde San Miguel, pasadas las 9 de la mañana. Además de sus tres hijos, llegó con su marido, su hermana y sus sobrinos. “Cuando llegamos, ya había muchísima gente. Por el otro lado, en Plaza Italia, había cerca de diez cuadras de fila, por eso decidimos entrar por acá”, detalló. El ingreso por la avenida Sarmiento fue similar al de un recital. La fila era eterna. Había que atravesar varios controles y cercos. Después aparecían los molinetes. Se vendían banderas a $20.000, gorras o camisetas a $40.000 y credenciales con la foto de Colapinto a $10.000.

 

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Había familias, amigos, niños lookeados de pilotos; gente con heladerita, mate, reposeras. Quienes ordenaban los ingresos estaban vestidos de negro con buzos que también llevaban el nombre del protagonista de la jornada. Con megáfonos, indicaban los puntos de acceso para aquellos que tenían entradas y para quienes se dirigían a las áreas gratuitas. La zona del Planetario, en cambio, estaba un poco más tranquila. Carlos Soria vino con su familia desde La Plata. Su nieta es fanática de Colapinto. Para las 10 de la mañana ya estaban ubicados frente a la pantalla que estaba en ese sector. Con cuatro reposeras de las que colgaron la bandera argentina, se sentaron a disfrutar el show de este domingo. “Trajimos de todo: mates, facturas, sanguchitos. Va a ser largo”, apuntó.

 

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Su nieta, mientras tanto, se sacaba fotos con las pantallas. “Sabíamos que desde más cerca no íbamos a ver nada, así que nos vinimos acá. Lo vemos siempre”, apuntó. Además de las pantallas, en el entorno del ícono porteño también habia baños químicos y foodtrucks. Al mediodía, las vallas ya estaban colapsadas. Ya nadie se podía aproximar a la posición más cercana para ver una hora después a Colapinto. Muchos se apostaron ya a las 8.30 para asegurar sus posiciones. “Hay cerca de 50 metros, nos van a matar. Nos tenemos que quedar acá”, le explicaba un padre a su hijo que no podía ver la avenida Sarmiento, que hoy se convirtió en una pista.

El joven piloto pilarense apareció por primera vez cerca de las 11.30, cuando Nicolás Occhiato anunció: “Día histórico. Amigos y amigas, vamos a presentar al protagonista”. Todos aplaudieron mientras intentaban localizarlo a través de las pantallas. “Volver a la Argentina siempre es un placer”, afirmó el piloto, que arrojó gorritas amarillas y se permitió hacer bromas con la gente.

 

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“Se ve bien, eh”, dijo mientras se terminaba de ubicar Jordan, desde arriba de un árbol en Plaza Sicilia. “Listo, nos quedamos acá. Ojo con la rama que tenés a tu derecha. En la que estás ahora te podés quedar, no te muevas para la otra que está floja”, le advirtió su padre, Adreil Calla. Aunque se escuchaba desde todos lados, era difícil poder identificar la pista, el escenario o incluso las pantallas desde los alrededores de la calle. “No armaron ninguna estructura para los que vienen gratis. No está pensado para nosotros, quizás podrían haber puesto también gradas”, planteó Adriel. Ellos vinieron desde Benavídez para poder ver el road show.

Mientras cantaba Soledad Pastorutti y se escuchaba por los parlantes, desde el otro lado de la plaza, empezaron a alentar diferentes cánticos. “Vamos. Faltan 20 minutos nada más. Vamos con una que sepamos todos: ‘Franco, mi buen amigo…’”, alentaba el animador. “No se ve nada. Es imposible”, se quejaba una señora que había venido con su madre. La gente estaba agolpada hacia las vallas intentando buscar algún lugar mejor. “En teoría las pantallas iban a estar para replicar todo. No es así”, dijo su marido. “Lo quiero escuchar. No lo voy a ver, lo escucho y nos vamos”, se resignó.

Nadie se movió, sin embargo, hasta que pasó Colapinto pasadas las 13. Los nenes estaban sobre los hombros de sus padres. Algunos agitaban banderas argentinas. Y, una vez que el ruido del motor Renault V8 del Lotus E20 de 2012 invadió avenida del Libertador, aplaudieron. Había humo después de su primera pasada. “Que impresionante el olor a caucho”, decía el relator. Los balcones de los edificios del entorno sobre Avenida del Libertador se convirtieron también en plateas preferenciales. En los pisos más altos, la gente se dio cita para disfrutar de la exhibición. “¡Lo pude ver!”, dijo Felipe Rey, de 6 años. Estaba lookeado con una gorra de Alpine, y una remera de la F1. “Quise comprar entradas y se agotaron al toque, pero no nos lo queríamos perder. Era difícil, pero lo puse en mis hombres y se pudo. Es lindo que por lo menos lo pueda ver un rato”, dijo su padre, Luis. Después de la primera salida empezó el movimiento; algunos intentaron mejores lugares, otros se fueron. Pero era complejo trasladarse.

 

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Franco Colapinto driving a replica of the F1 car driven by Juan Manuel Fangio

 

Entre la multitud resaltaba un traje colorado. Su portador dijo que lo conocen como “Shumy de Avellaneda”. Desde el 2000 que usa una réplica del traje del expiloto alemán Michael Schumacher. “Yo iba a todos los eventos. Soy fanático. Siempre seguí las carreras. Y también soy hincha de Independiente”, expresó mientras señalaba la única modificación que le hizo al traje: bordó un escudo del Rojo. “Estoy muy contento. Estaba esperando que venga para acá. Vine a ver si puedo ver a Franquito. Va a llegar lejos, es un grande”, detalló.

 

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La segunda salida fue con el Mercedes W196 de Juan Manuel Fangio. Mientras flameaba una bandera argentina, Colapinto avanzó más lento a bordo de “la Flecha de Plata”. La multitud lo aplaudía a su paso. Él sonreía y saludaba. “No somos de consumir mucho Fórmula 1, pero él te compra. Vinimos por Franco. Tiene mucho carisma, es muy espontáneo”, confió Leandro Ávalos Torres mientras esperaba la última salida del piloto pilarense. Estaba con sus compañeros de trabajo desde San Francisco Solano, Quilmes. “Se hizo un poco largo. Hay un montón de categorías para llamar a que colaboren: podrían haber traído cuatriciclos, kartings”, opinó. El piloto de 22 años se lució en la última pasada. Aceleró una y otra vez por Avenida del Libertador, mientras los fanáticos aplaudían a su paso. Y después empezó el clásico “Olé, olé, olé, Franco, Franco”. Para el cierre, se subió a un camión y saludó a todos sus seguidores a una velocidad más accesible. Los que todavía tenían energía, corrían de un lado a otro en la Plaza Sicilia, para poder saludarlo.

 

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