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Salió expulsado Arturo Vidal tras ser amonestado y cabecear sin sentido a Mario Rui. Piqué sufrió lesión de tobillo y Busquets con amarilla se pierde el choque de vuelta en el Nou Camp el 18 de marzo. En Stamford Bridge con doblete de Gnabry y otro de Lewandowski Chelsea se desmoronó en casa.

Un gol del francés Antoine Griezmann salvó una gris prestación del Barcelona y le dio un valioso empate 1-1 en la visita al Nápoles, en la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. Tras pagar su lenta y estéril posesión e irse al descanso con un 0-1 adverso decidido por un golazo del belga Dries Mertens, el Barcelona igualó al comienzo de la reanudación gracias a Griezmann, en una acción originada en un gran pase vertical de Sergio Busquets.
La segunda diana en esta Copa de Europa para Griezmann fue la mejor noticia de la visita al San Paolo para un Barcelona que acabó con diez por la doble amonestación al chileno Arturo Vidal y que tampoco podrá contar con Busquets para la vuelta del 18 de marzo en el Camp Nou. El cuadro barcelonista, con el francés Samuel Umtiti en la zaga junto a Gerard Piqué, quien acabó sustituido por molestias en un tobillo, y el croata Ivan Rakitic en el centro del campo como principales novedades en el once de Setién, controló el balón, pero le costó jugar en vertical ante un Nápoles extremadamente compacto, que se encerraba con las tres líneas en pocos metros y que buscaba ofender al contragolpe.
Mertens, en presión constante sobre Sergio Busquets, dificultó el trabajo de un Barcelona que en la primera mitad solo remató una vez a portería con Messi (m.8), en su estreno en el San Paolo, y que pagó una indecisión defensiva de Junior Firpo con el gol napolitano. A la media hora de juego, el polaco Piotr Zielinski superó al lateral izquierdo barcelonista y ofreció el balón a Mertens, quien fulminó al meta alemán Marc-André Ter Stegen con un derechazo a la escuadra. Un gol histórico para el delantero belga, que alcanzó al eslovaco Marek Hamsik como máximo goleador del Nápoles (121 goles).

Necesitaba nuevas soluciones el Barcelona, en un San Paolo que rugía y que estuvo a punto de celebrar el segundo gol antes del descanso, cuando el griego Kostas Manolas, viejo conocido del conjunto barcelonista por haberle eliminado de la «Champions» con el Roma en 2018, remató fuera una asistencia del español José Callejón. No empezó de forma mejor la segunda mitad, con Busquets que vio una amarilla por frustración y que se perderá la vuelta por acumulación de tarjetas. Su falta provocó la lesión de Mertens, que fue obligado a pedir el cambio. Fue precisamente tras la salida del delantero belga del Nápoles que Busquets contó con más espacio y un magistral pase vertical liberó al portugués Nélson Semedo, quien ofreció a Griezmann el cómodo balón del 1-1 (m.57). Un partido hasta ese momento muy bloqueado tácticamente se volvió más imprevisible, con Insigne y Callejón que perdonaron el segundo gol napolitano y Messi que no consiguió rematar por pocos centímetros una asistencia del chileno Arturo Vidal y que acabó amonestado por arrollar involuntariamente al meta colombiano David Ospina.
Los técnicos, que intercambiaron sentidos elogios en la víspera, decidieron jugar nuevas cartas para aprovechar el momento. Setién, que no tenía a grandes alternativas a disposición a causa de las bajas del uruguayo Luis Suárez, el francés Ousmane Dembele y los españoles Jordi Alba y Sergi Roberto, buscó más ritmo con la entrada del brasileño Arthur Melo por Rakitic y Gattuso agregó chispa ofensiva con Matteo Politano por Callejón. Intercambiaron avisos los dos equipos, pero con poca pegada. Insigne, en el Nápoles, y Arthur, en el Barcelona, lo intentaron con dos disparos desviados. Fueron las últimas jugadas técnicas en un partido que acabó con nerviosismo y malas noticias para el cuadro de Setién. Vidal acabó expulsado por ver dos amarillas entre el 87 y el 89 por falta y protestas con el portugués Mário Rui y Piqué tuvo que retirarse por molestias en un tobillo. Queda todo abierta para la vuelta del Camp Nou, en el que el Barcelona necesitará cambiar de ritmo y sustituir a Busquets y Vidal para seguir en su camino europeo.

Aspirinas para el Chelsea

Los aficionados del Chelsea recordaban antes del partido la Copa de Europa y el gol de Didier Drogba en 2012 a los alemanes y al final es lo que único que les quedó, el recuerdo. El Bayern de Múnich, en su versión más devastadora, goleó 0-3 a los londinenses dejándoles con pie y medio fuera de la ‘Champions’. En la reedición de la final de 2012, en la que el Chelsea levantó su primera y única Copa de Europa, el Bayern se vengó en el corazón ‘Blue’, con dos tantos de Serge Gnabry y uno de Robert Lewandowski (que ya suma 11 en la competición), dejando prácticamente sentenciado su pase a cuartos de final.
El Chelsea se lo veía venir y puso protecciones. Como ante el Tottenham el finde, metía cinco defensas. Para resguardarse y ganar más profundidad con la que conseguir centros para Giroud. Esto le entregaba el balón y el dominio al Bayern, algo previsible, pero que no descontentaba al Chelsea. A los ingleses les valía con aguantar y aprovechar alguna que tuvieran. El problema es que esta vez la pelota no entró. El Bayern tuvo el cuero y las oportunidades. Kingsley Coman dispuso de la primera. Carrera hasta el área, solo contra le portero, precipitación y disparo fuera. Respondió Lewandowski. Pelota escorada, intento de globo y estirada de Caballero.
El argentino, por quinta vez titular delante de Kepa Arrizabalaga, sostenía al Chelsea, mientras que en ataque, los de Lampard, se conformaban con un tímido cabezazo de Giroud a las manos de Neuer. En el intervalo hasta el descanso, Caballero aún tuvo tiempo para sacarle un mano a mano a Lewandowski y Müller de encontrarse con el larguero en un remate de cabeza de espaldas. Hasta ese momento, el plan le funcionaba al Chelsea. Estaban aguantando sin encajar.

Todo pudo cambiar nada más salir de vestuarios. Pelota en largo a Mason Mount, el inglés se las apañó para disparar delante de Neuer. Rechazó el alemán y la bola le quedó muerta en el área. Llegó sobrado Barkley, quien pecó de exceso de confianza y se volvió a encontrar con Neuer, impertérrito. Se le acababa de ir la vida al Chelsea y no se había dado cuenta.¡ En los siguientes cinco minutos el Bayern mató la eliminatoria. Gnabry bajó una pelota con el pecho, se la deslizó en profundidad a Lewandowski y el polaco, consciente de la posición de sus compañeros, la puso atrás casi sin mirar. En segunda línea llegó Gnabry para el 0-1.
Este resultado ya mataba al Chelsea, pero tres minutos después la película empeoraría. Otra vez el polaco en profundidad, cabalgada de Gnabry y definición cruzada de Gnabry. La segunda estaca en el corazón ‘Blue’, el segundo gol de un Gnabry que ya le metió cuatro al Tottenham en su última visita a Londres. Lampard desmontó la defensa de cuatro y quitó a Giroud, pero ya era tarde. Tarde para ellos, pero no para el Bayern, que aún prorrogó el resultado por medio de Lewandowski, tras una gran jugada de Alfonso Davies.
Para terminar de rematarlo, Marcos Alonso se auto expulsó dándole un puñetazo a Lewandowski en una jugada sin balón. Los londinenses empezaron entonando cánticos en honor a Drogba y terminaron siendo ridiculizados en el campo y en la grada, donde los bávaros cantaron irónicamente el ‘Football’s Coming Home’, canción de apoyo a Inglaterra en la Eurocopa de 1996, que casualmente ganó Inglaterra. El Chelsea tendrá que buscar un imposible en el Allianz Arena. Remontar un 0-3 en el campo en el que ganó su única Copa de Europa. Al menos tendrán un buen recuerdo del lugar.

