Canelo Vs. Munguía, pelea de pura raza

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Saúl Álvarez y Jaime Munguía medirán fuerzas el próximo 4 de mayo en la T-Mobile Arena de Las Vegas. Es un choque apasionante porque se trata de una pelea entre mexicanos: hay garantía de acción y emoción.

 

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Álvarez pondrá en juego su título indiscutido de las 168 libras (peso supermediano) y Munguía, invicto en 43 peleas, buscará ser campeón del mundo en su segunda división —en 2018 lo hizo en el superwelter—. Aunque Canelo dijo durante mucho tiempo que no le gustaba pelear con mexicanos, en este caso dio su brazo a torcer. Munguía venció en enero a John Ryder, rival en común con Álvarez: él sí pudo noquearlo. No es parámetro totalmente fiable y erraría quien diga que, con base en eso, se demostró que el tijuanense es más fuerte que el tapatío. Sin embargo, tener un rival en común, y más en un periodo tan corto (Ryder peleó con Canelo en mayo pasado), pudo servir para que el anuncio de esta pelea no fuera ilógico: tiene sentido hacerla, aunque el nombre que todos quieren, y el que se ha ganado deportivamente el derecho, sea el de David Benavidez.

 

 

 

En entrevista Álvarez ha hablado de lo que implica pelear con Munguía y de los atributos que ve en este fajador de 27 años. “Es un peleador con mucha hambre que tira muchos golpes, un peleador fuerte que tiene hambre de ser y creo que eso lo hace un peleador peligroso que va a dejar todo en el cuadrilátero y claro que me preocupa. También soy un peleador fuerte que piensa y pues tengo mucha experiencia…a veces se necesitan unas cosas, a veces otras y voy a poner todo lo que se necesite el 4 de mayo para ganar”,

Ciertamente, desde que empezó su carrera, Munguía se ha caracterizado por ser un golpeador: ir al frente siempre sin preocuparse tanto por la defensa. Y esa es su gran desventaja ante un rival como Canelo, por estilo y experiencia: los rivales que mejor se le dan a Álvarez son aquellos que buscan el intercambio de golpes. Ahí es adonde él se regodea con su rápido, técnico y potente contragolpe, ya sea a la cabeza o al cuerpo, con esos fulminantes ganchos. Hay que visitar sus dos derrotas como profesional para entender cuáles púgiles se le complican: Mayweather y Bivol, dos peleadores elusivos y que lo contragolpearon a él. Contra Erislandy Lara muchos lo vieron perder: también es de ese estilo.

 

 

 

Gennady Golovkin era un golpeador, pero mucho más astuto y sereno que Munguía: con la habilidad de no dejar entrar a sus rivales y acorralarlos cortando el ring. Álvarez en todo a Munguía, pero casi en nada tan decisivo como en el estilo: contragolpear, quitarse golpes con pies y cintura, y controlar la pelea round a round (liquidarla si hay espacio para hacerlo). El año pasado Munguía dejó de entrenar con el Terrible Morales para hacerlo con Freddie Roach, un entrenador de mayor currículo. Tendrá que mejorar su defensa y tener una estrategia amplia, con planes alternativos, para no sucumbir ante el bagaje del campeón Álvarez.

 

 

 

Munguía, eso sí, tiene más que ganar. Perder su invicto, aunque sea un récord tan grande, no debe limitarlo, porque también es verdad que ese registro ha contado con muchos rivales de menor nivel que el suyo. La desventaja en ese sentido, en quién pierde más, la tiene Canelo: expone sus títulos, sí, pero también su condición de favorito y, no es posible ignorarlo, su prestigio como cara del boxeo mexicano, un estatus que se ha esmerado en ratificar —casi siempre dentro y fuera del ringo, con la excepción de Benavidez—.

 

 

 

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